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2026-06-17

Columna jurídica de Yun So-young, abogada del bufete (limitado) Daeryun
Si en el hospital al que se acude para tratar una enfermedad y recuperar la salud se produce un accidente médico fatal e inesperado —como lesiones graves o la muerte—, el impacto que sufren el paciente y sus familiares es indescriptible. Sin embargo, cuando, sin tiempo para sobreponerse al dolor, se quiere exigir la responsabilidad del hospital, los familiares chocan con un muro enorme. El litigio médico no solo exige conocimientos médicos altamente especializados, sino que es una lucha en un terreno de juego desigual, ya que todas las pruebas clave —como el CCTV del quirófano o la historia clínica— están en poder del hospital. Por ello, para ganar una demanda de indemnización contra un hospital, es imprescindible una identificación clara de las cuestiones jurídicas y la acreditación de los hechos, y no una apelación emocional.
La primera cuestión jurídica que puede plantearse en un litigio por accidente médico es la del "incumplimiento del deber de información". Aunque de momento sea difícil demostrar la culpa directa en el propio proceso del acto médico, hay margen suficiente para la disputa jurídica. Si el personal médico no explicó suficientemente al paciente, antes de la cirugía, las posibles secuelas o complicaciones fatales o las opciones de medicina alternativa, esto también se considera un acto ilícito grave, porque vulnera el "derecho de autodeterminación" del paciente de decidir si someterse a la cirugía tras conocer suficientemente los riesgos. Si se reconoce el incumplimiento del deber de información, el paciente puede reclamar una indemnización por daño moral (pretium doloris) con independencia de si hubo culpa médica.
Si se quiere que se reconozca plenamente la responsabilidad de indemnización por la culpa médica en su conjunto, hay que esclarecer con claridad la culpa profesional y el acto ilícito del hospital. El personal médico tiene un "deber de diligencia" de adoptar las mejores medidas para que no se produzcan riesgos al paciente, desde el diagnóstico, las pruebas, la cirugía y la anestesia hasta la gestión posterior. Debe acreditarse el nexo causal de que el personal médico se apartó de la práctica médica estándar de la época, incumpliendo el deber de diligencia, y que por esa culpa se produjo el mal resultado, como la muerte o una discapacidad permanente. Solo así se configura la responsabilidad de indemnización por acto ilícito conforme al Código Civil.
De hecho, entre los casos que llevé hubo uno lamentable en el que un paciente que se recuperaba tras una resección de órganos falleció. Los familiares cuestionaban la deficiente respuesta del hospital, pero se hallaban sumidos en la angustia de acreditar un nexo causal claro dentro de los límites del conocimiento médico y de un sistema médico cerrado. Al asumir el caso, aseguré de inmediato y con rapidez la historia clínica y la hoja de registro de anestesia, entre otros, y analicé minuciosamente la situación. Como resultado, hallé la culpa profesional del hospital por no haber adoptado medidas adecuadas ante los síntomas que presentaba el paciente y, tras una intensa pericia de la historia clínica, logré que se reconociera el acto ilícito del hospital y obtuve una sentencia de pago de indemnización.
Por el contrario, también el hospital y el personal médico pueden verse en una situación injusta por reclamaciones de indemnización indebidas. El acto médico, por su naturaleza, aborda la incertidumbre del cuerpo humano, por lo que, aun haciendo el máximo esfuerzo, no puede garantizar un resultado 100 % perfecto. Que se produzca un mal resultado en el paciente no implica automáticamente culpa del personal médico. Por ello, el personal médico debe redactar de forma detallada y transparente la historia clínica y los registros de enfermería. Más allá de usar fórmulas estándar en el consentimiento previo a la cirugía, la única defensa es construir un sistema riguroso que explique al paciente los riesgos de forma concreta y obtenga su firma manuscrita.
En el litigio médico, la rapidez de la respuesta inicial decide el éxito o el fracaso. Si en el proceso de respuesta inicial se pierde tiempo en un enfrentamiento emocional, es fácil perder pruebas decisivas. Tanto la parte del paciente como la del hospital, en vez de quedarse en una respuesta genérica, deben recibir desde el inicio del caso la ayuda de un experto jurídico que reúna tanto conocimientos médicos como capacidad de análisis jurídico. Componer de forma sistemática las circunstancias objetivas junto con un experto es la forma más inteligente de evitar perjuicios inesperados y proteger los derechos legítimos.
Reportero Lee Dong-o (canon35@mt.co.kr)
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La indemnización por daños médicos debe resolverse desentrañando el acto ilícito mediante una acreditación jurídica minuciosa (ir al enlace)
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