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2026-07-16

La obra de interiorismo es uno de los contratos de ejecución de obra más frecuentes de la vida cotidiana, pero una vez iniciada no son pocos los casos que derivan en diversos conflictos jurídicos: disputas sobre el precio de la obra, controversias por costes de obras adicionales, retrasos, defectos, etc. Lo que más hay que evitar para prevenir estos conflictos es la costumbre de iniciar la obra sin contrato, confiando en la buena fe mutua. Como el contrato es el criterio más seguro para dirimir responsabilidades cuando surge un conflicto, deben especificarse en detalle, sin falta, el alcance de la obra y su desglose, el calendario de pagos del anticipo, plazos intermedios y saldo final, el periodo de obra (fecha de inicio y de finalización), la cláusula de indemnización por demora, el modo de tratar las obras adicionales, etc. Además, conviene cotejar minuciosamente si los materiales o partidas de obra indicados en el presupuesto coinciden exactamente con el alcance de la obra fijado en el contrato.
Asimismo, los puntos donde con más frecuencia surgen conflictos en la práctica son el precio de las obras adicionales y los retrasos. Aunque durante la obra se acometan trabajos adicionales por la situación del lugar o un cambio de parecer, si solo se acuerdan verbalmente sin concretar su contenido e importe, se convertirán después en un gran problema. Por ello, cuando surja una solicitud de obra adicional, debe recabarse sin falta por escrito su contenido, importe y la ampliación del plazo. El retraso de la obra también genera perjuicios reales —retraso en la apertura de un local o problemas para disponer de vivienda—, por lo que debe fijarse con claridad en el contrato una tasa de indemnización por demora, normalmente un porcentaje del importe del contrato por cada día. El constructor debe proponer un plazo realmente viable y, si surge una causa de retraso inevitable, notificarlo de inmediato al cliente y consensuarlo.
También conviene establecer de antemano mecanismos de seguridad sobre el pago del precio de la obra y los defectos posteriores a su finalización. El pago debe respetar el calendario fijado en el contrato pero, en el caso del saldo final, es recomendable reflejar en el contrato una estructura de pago posterior a la comprobación minuciosa de defectos una vez concluida la obra. Si el constructor y el cliente inspeccionan juntos el lugar en el momento de la recepción y dejan por escrito el resultado, pueden prevenirse disputas emocionales en torno al pago del saldo. Si tras finalizar la obra aparecen defectos, el cliente debe notificarlo por escrito al constructor, con datos objetivos, y solicitar la reparación, y el constructor debe atender diligentemente esa solicitud y dar un cierre responsable.
Park Jung-gyu, abogado de Daeryun, señaló: "En definitiva, la mayoría de los conflictos en obras de interiorismo nacen de acuerdos poco claros en la fase contractual y de la despreocupación por no registrar debidamente los cambios surgidos durante la obra", y afirmó que "el constructor debe presentar de forma transparente el alcance y el precio de la obra y documentar de inmediato los cambios, y quien encarga la obra debe revisar minuciosamente el contrato y, ante toda solicitud adicional, dejar por escrito lo acordado".
Añadió: "Más que apoyarse en una confianza vaga o en promesas verbales, la comunicación suficiente antes de la obra, un contrato claro y un registro escrito continuo durante la ejecución son el camino más seguro hacia una obra concluida sin conflictos".
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¿Cómo concluir una obra de interiorismo sin conflictos? (Ir al enlace)
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